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Fig 1: Arrecife Coralino (PN. Los Roques). Fotografía. Gaby Carias

Una especie invasora amenaza los arrecifes
de la costa oriental del país

Especie invasora se convierte en una nueva plaga que amenaza
los sistemas marinos del nororiente de Venezuela y de la región del Caribe

José Nuñez ¹ y Ana Teresa Herrera ²

¹ Universidad de Oriente, núcleo Cumaná; ² Universidad Central de Venezuela

Los arrecifes de coral se encuentran entre las estructuras más antiguas de la tierra construidas por organismos vivos. La mayoría de los arrecifes son fuertes asociaciones de corales pétreos o escleractinios; sin embargo, hay regiones como en el Indo-Pacífico occidental, donde los corales blandos u octocorales dominan los arrecifes (Benayahu y Loya 1977, 1981; Nishihira y Dinesen 1983), especialmente los pertenecientes al orden Alcyonacea, un grupo diverso de invertebrados bentónicos coloniales. En el Caribe, una estructura de codominancia puede ocurrir entre escleractinios y octocorales, pero en nuestra región, el orden Gorgonacea es el de mayor representatividad de los octocorales, donde están incluidos los abanicos de mar y látigos de mar, caracterizados por ser altamente flexibles y a menudo con varias ramificaciones (Bayer 1957; Wells 1957).

Fig 2: Xenia sp. en contacto con un coral pétreo (Siderastrea siderea). Fotografía. José Nuñez

Fig 3: Xenia sp. sobrecreciendo un coral pétreo (Orbicella annularis). Fotografía. José Nuñez.

El coral blando Xenia sp., también conocido como coral pulsante, es nativo del océano Indo-Pacífico y ha sido observado desde el año 2007 dentro del Parque Nacional Mochima. No se tiene información de cuando este octocoral fue introducido a nuestras costas, pero actualmente, esta especie invasora ha generado la muerte de extensas áreas coralinas y su biota asociada en la zona central de Mochima. La mayor característica de esta especie sésil es su alta competencia por el espacio, lo que hace que sobre-crezca rápidamente los corales locales de la región provocando la muerte de los mismos y utilizando los exoesqueletos de los corales muertos como sustrato de fijación y expansión hacia otras áreas.

Xenia sp. presenta un sistema químico complejo basado en terpenoides que puede causar necrosis en el tejido de los corales así como también la inhibición de su crecimiento (Sammarco et al. 1983). La eficacia de los compuestos alelopáticos responsables para estas respuestas deletéreas varía mucho entre especies y puede generar daño, tanto por contacto directo como por la presencia de las toxinas liberadas a la columna de agua (Coll et al. 1982, La Barre et al. 1986, Aliño et al. 1992).

Fig 4: Fondo marino cubierto completamente por Xenia sp. Fotografía. José Nuñez

El primer reporte de esta especie en aguas venezolanas data del año 2007 en Isla de Mono, Parque Nacional Mochima. Debido a su falta de depredadores naturales, reproducción a ritmo vertiginoso (sexual y asexual) y altas tasas de crecimiento, Xenia sp. ha comprometido la sobrevivencia de muchas especies de coral del Parque Nacional Mochima y zonas adyacentes. Los recorridos realizados desde las costas de Arapo hasta Pertigalete, y en las Islas Arapo, La Piscina, Isla Los Monos, Isla de Plata e Isla Chimana, demuestran que el coral pulsante se ha desplazado rápidamente en sentido oeste, generando impactos devastadores sobre la biota de las comunidades coralinas de la zona.

Una evaluación sobre el impacto de Xenia sp. sobre la comunidad coralina autóctona en Isla de Mono, indica que para el 2008, la especie invasora estaba restringida a la playa arenosa en el este de la isla, abarcando un área de 10 m² aproximadamente. Para entonces, la comunidad estaba compuesta por 42 especies: 15 corales pétreos, 4 corales blandos, 1 coral de fuego, 8 esponjas, 3 anémonas, 2 zoántidos, 1 hidroideo y 8 equinodermos (pepinos y erizos de mar). Para el 2016, Xenia sp. invadió a la comunidad coralina de la isla, creciendo sobre esta y provocando la pérdida de cobertura de más de un 80 % del total. Igualmente, se observó una disminución de la riqueza de especies bentónicas, reportándose un total de 16 especies: 7 corales pétreos, 2 corales blandos, 1 coral de fuego, 2 esponjas, 2 anémonas, 1 zoántido y 1 equinodermo.

Fig 5: Xenia sp. sobrecreciendo un coral de fuego (Millepora alcicornis). Fotografía. José Nuñez.

Fig 6: Xenia sp. sobrecreciendo un coral cerebro (Colpophyllia natans). Fotografía. José Nuñez.

Es determinante que se realicen evaluaciones exhaustivas y un plan de extracción segura de Xenia sp. en el Parque Nacional Mochima y áreas aledañas, puesto que debido a las corrientes marinas probablemente ocurra una propagación hacia la zona oeste del parque, y en un plazo corto podría dispersarse hacia el resto de la costa e islas oceánicas venezolanas. Considerando la hidrodinámica de la región, es posible que las afectaciones alcancen otros ecosistemas marinos, dentro y fuera de nuestras fronteras, abarcando toda la región del Caribe Sur, es decir, no sólo nuestra costa e islas oceánicas, sino que podría alcanzar a las Antillas holandesas y el Caribe colombiano.

Al igual que otros invasores de la región, Xenia sp. pudiera considerarse una plaga que a medida que avance generará un desastre ambiental difícil de controlar. Las consecuencias serían nefastas, donde la inevitable perdida de especies de fauna y flora marina hará difícil la recuperación de estos ecosistemas, ya que se perderían organismos que cumplen funciones importantes en la naturaleza. Igualmente, es posible que existan consecuencias negativas en los recursos pesqueros marinos y económicos nacionales. Cabe recordar, que las características ambientales del oriente de Venezuela permiten que la pesquería de la región sea la más productiva en todo el Mar Caribe, abasteciendo de alimento del tipo proteico a un alto porcentaje de la población nacional e internacional.

Actualmente, en las diferentes instituciones académicas del país, se cuenta con el equipo humano capacitado y la infraestructura para llevar a cabo planes de monitoreo y control de este octocoral dentro del Parque Nacional Mochima. No obstante, la falta de recursos económicos imposibilita que los proyectos de estudio de la especie y su remoción eficiente (donde se evite la fragmentación del organismo que más bien facilitaría su reproducción y expansión) se lleven a cabo bajo el tiempo de acción que se requiere para evitar daños mayores.

La vida marina de Venezuela podría tener sentencia de muerte a menos que se apliquen planes de emergencia contundentes que exterminen la plaga que silenciosamente avanza por nuestras costas nororientales.

Fig 7: Xenia sp. sobrecreciendo una anémona gigante (Condylactis gigantea). Fotografía. José Nuñez.

 

Fig 8: Xenia sp., un vecino invasor. Infografía: Ana Bretaña.