Fotografía. Rafael García 

Tras la pista de la leyenda del llano,

una opción de turismo sustentable

Ecoturismo y fauna silvestre

jack

Jack Hoopia

—Allá aboya…—Nos avisa Víctor Musiú Cardenas, ante la presencia de lo anticipado—, ha repetido este ritual por décadas pero puede verse que aún le satisfacen los buenos resultados, Víctor está llamando caimanes y el primero de ellos acude a la cita. Estamos en los Llanos venezolanos, específicamente en el Hato El Cedral, una reserva natural de 53.000 hectáreas enclavada en la sabanas inundables del estado Apure, al suroeste del país.

Pronto todas las miradas se clavan en una forma oscura que cruza la superficie del Río Matiyure, en el que flota apaciblemente el bote con motor fuera de borda, en el que recorremos estos parajes repletos de hermosas y agrestes vistas.

—Aquí llega —Nos dice Víctor, con la seguridad que da la experiencia. Ése va llegar cerquitica. Este hombre sabe bien a qué se refiere; ha sido guía en este lugar desde muy joven, estas planicies le vieron nacer.

Fotografía. Rafael García 

Fotografía. Rafael García 

Comparto el bote con Beth y Adam, una pareja de profesores ingleses jubilados que tienen un entrañable sentido de la aventura y que estuvieron planeando este viaje durante todo un año; junto al Musiú ellos establecen una peculiar simbiosis que está haciendo grandes aportes prácticos a la conservación: bienvenidos al ecoturismo de fauna silvestre.

Año tras año, miles de personas organizan sus vacaciones en torno a destinos que incluyen avistamiento y hasta interacción con animales salvajes en su entorno natural y a pesar de todo el concreto, acero, monóxido de carbono, sobre población y pare usted de contar, Latinoamérica tiene aún muchísimo que ofrecer a los viajeros ávidos de experiencias salvajes.

Fotografía. Rafael García 

La silueta prehistórica se dibuja claramente, mientras se acerca decidida a nuestra pequeña embarcación; sus ojos reptilianos y su lomo cubierto de protuberancias, rápidamente nos transporta a una era en la que los humanos no éramos más que endebles eslabones de la cadena alimenticia.

—Juancho, Juancho…—Repite Musiú, como si le hablara a un viejo conocido, al tiempo que chasquea los labios para producir un sonido muy particular, que parece ser un imán para el saurio; pronto extiende una vara de madera con un trozo de carne empalado al extremo opuesto, con el que golpea el agua; el caimán está ya a un lado nuestro. Finalmente Musiú levanta el cebo y  Juancho impulsado por su poderosa cola de dragón, se alza vertical sobre la superficie asomando casi dos metros de su escamosa anatomía y abriendo unas fauces temibles rematadas por hileras de dientes como dagas. Es sólo al tercer intento que el reptil obtiene su recompensa, grabando en la memoria de los testigos una visión imborrable; pronto otros de su especie se le unen para deleite de todos. Se trata de la especie Caimán crocodylus, conocida localmente como «babo» o caimán de anteojos, aún relativamente abundante y definitivamente en casa aquí en El Cedral. Conservar este tipo de animal no es fácil, el estigma de depredador peligroso le precede y su carne es una tentadora alternativa de subsistencia de modo que si va a preservarse, ha de ser pragmáticamente y con el aporte económico proporcionado por personas como Beth y Adam, se hace posible. Más tarde, de vuelta en el campamento, ante una opípara cena en sus cómodas instalaciones, ellos me cuentan que celebran su luna de plata y que no hubiesen podido escoger mejor lugar para conmemorarla. Una experiencia de este tipo, puede despertar una epifanía en la mente de cualquiera.

Fotografía. Rafael García 

Fotografía. Alexander Ortiz

Las francas australes estuvieron a punto de desaparecer durante el auge ballenero; el beneficio se obtenía al matarlas. Hoy valen más vivas y los alistamientos son (avistamientos) el eje del negocio…

Sea en los llanos de Venezuela o en la Patagonia, el turismo de fauna es de hecho un importante rubro económico, que se traduce en la conservación de especies y su hábitat, ya que produce un incentivo práctico a las comunidades humanas.

Reflexiono acerca de como poner en práctica las lecciones aprendidas pues estoy convencido de que al darle un valor tangible, se contribuye tremendamente a la conservación de nuestra bella fauna silvestre.

Fotografía. Rafael García